JUEVES SANTO - Es tu momento... para REFLEXIONAR

Busca un espacio en el que estar tranquilo, haz silencio y déjate llevar y llenar en el día de hoy de todo los acontecimientos que vamos a vivir:

REFLEXIONA...

Hoy es Jueves Santo, día que pone fin al tiempo de cuaresma y da inicio al Triduo Pascual donde volveremos a vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Un día el de hoy en el que Jesús hace entrega de su amor infinito en la última cena e impulsa a los discípulos a ser como él a través del sacramento del orden. Dos hechos que marcan el día de hoy y que nos anuncian el amor de Jesús.

ÚLTIMA CENA - EUCARISTÍA 

Del evangelio según san Lucas

Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.» Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros;porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.» Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.» De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.
Palabra del Señor

La vida tiene acontecimientos que necesitan celebración. Esto sucede tanto en la historia personal como en la historia colectiva de los pueblos.
La última cena concentra la actitud amorosa de Jesús. Está en medio de los conflictos, de la incomprensión y de la traición; Judas le traiciona; Pedro no es consciente de la situación que se avecina. Jesús, estando al borde de la pasión y de la condena a muerte de cruz, realiza su gesto de amor total. Recapitula su vida entregada y gastada al servicio del Reino de Dios y del Dios del Reino. La sacramentaliza en la última cena con sus discípulos al bendecir y partir el pan y repartirse él mismo dándose a sus discípulos y a nosotros a través de ellos.
El pan y el vino a partir de la última cena del Señor tienen una unión indisoluble con la entrega de Jesús. Están vinculados al testamento de amor de Jesús al entrar en su pasión que termina en la condena y en la muerte por crucifixión. La cena de despedida anticipa el proceso de la pasión.
Hoy, redescubriendo la entrega de amor de Jesús en la última cena nos preguntamos:
  • ¿Cómo se ha hecho real el amor de Dios en mi vida? Pon acontecimientos, nombres…
  • ¿Siento el amor de Dios como una llamada al encuentro con otro?
  • ¿Cuál es tu amor primero?
  • ¿Qué alianza quiero establecer yo con Jesús hoy?
Escucha y déjate anunciar el mensaje que Jesús tiene hoy para ti… 

Si quieres, anota qué has sentido, descubierto… qué crees que Jesús te dice hoy.

LAVATORIO DE PIES - SACRAMENTO DEL ORDEN SACERDOTAL

Del evangelio según san Juan

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»
Palabra del Señor 

En el lavatorio de los pies hay mucho más que un simple ejemplo de humildad, lo mismo que en la pasión de Jesús hay mucho más que simple «dolor».
Se comprende que los discípulos se sintieran perplejos. No les faltan razones. Ante sus ojos se está produciendo un «cambio de valores» como nunca había ocurrido en la historia.
Algo gira en el mundo, efectivamente, en este lavatorio. Este Dios arrojado a los pies de los hombres es un Dios que no conocíamos. Este Dios que lo que lava no son los hermosos pies de Adán y Eva por el paraíso, sino los pies de la historia, las extremidades del animal caído que camina pecando por el polvo, que peca de los pies a la cabeza. Este Eterno que se ha puesto de rodillas y tiene manos de madre para los pies de Judas, es realmente mucho más de lo que nunca pudimos imaginarnos.
Ante Jesús, arrodillado a los pies de sus discípulos, te invitamos a que imagines que tú eres ese discípulo al que Jesús lava los pies. Imagina que Jesús mismo está ante ti, arrodillado, tomando entre sus manos tus pies y lavándolos con agua, agua que será entrega y a la vez será envío, impulso… y escucha para ti esas palabras: «Te he dado ejemplo para que lo que yo he hecho contigo, tú también lo hagas».
Siente la llamada, la invitación de Jesús de ponerte al servicio del otro, la invitación a arrodillarte y servir al otro en su fragilidad, en su debilidad, a servir y amar. 
Haz silencio y pregúntate:

  • ¿Estoy al servicio del que me necesita?
  • ¿Qué ensucia mis pies?
  • ¿Qué tengo que hacer para estar al servicio?
  • ¿A quién puedo servir?
Anota lo que resuena en ti tras la lectura…

ORA...

Termina con esta oración:
Señor, Dios de la vida,
Te damos gracias por la fe en Ti.
Te hemos sentido cercano, misericordioso,
respetuoso con nuestra libertad.
Eres nuestro apoyo y nuestro consuelo.
Eres valentía y estímulo
para seguir la marcha de la vida.
La fe en Ti nos ayuda a superar dudas y sufrimientos.
Tenemos la certeza de que no nos abandonas.
Creer en Ti llena el vacío que algunas situaciones nos dejan.
Dios bueno,
Nos has amado primero, porque eres AMOR.
Nos impulsas a abrir el corazón
y a desplegar generosamente la vida.
En Jesús tenemos el modelo.
Nos fiamos de Ti;
contamos contigo:
eres nuestra respuesta total
a nuestra necesidad de vivir.

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