JUEVES SANTO - Es tu momento... para ACOMPAÑAR

CON JESÚS, EN GETSEMANÍ

HORA SANTA  EN VÍDEO

HORA SANTA EN TEXTO Y VÍDEOS

En la noche, nos acercamos a un momento crucial en la vida de Jesús, lo acompañamos en Getsemaní, en el huerto de los olivos.
Haz silencio y adopta una postura cómoda…
Pedimos a Jesús que en esta noche de incertidumbre, miedos, oscuridad… Él sea nuestra luz.


EL CONTEXTO

Ya ha terminado la cena. Hace un rato, Jesús nos ha dejado su sencilla pero importante herencia. Se acerca el momento cumbre. Jesús ha ido con sus amigos más íntimos a Getsemaní, al Huerto de los Olivos, a orar.
Ahora se siente solo, abandonado por todos, tiene miedo, nadie comprende sus anuncios de peligro. La tentación le inunda, tiene miedo a fracasar. Duda, no sabe lo que hacer. Confía en el Padre, pero tiene miedo... Sabe que está a punto de morir, que su muerte echará por tierra muchos de los proyectos que tenía; sabe que su vida entre los hombres llega a su fin... A pesar de todo, en esta noche de miedo, de soledad, Jesucristo entrega otra vez y para siempre, sin vuelta atrás, su vida al Padre, por nosotros.
¿Quieres acompañar tú también a Jesús? ¿Vienes a Getsemaní a rezar con Él, a rezar por Él? No vayas sin más, prepara tu corazón y tus sentidos para este momento.
Imagínate aquella noche con Jesús en el Huerto de los Olivos. ¿Te imaginas siendo un discípulo más de su grupo? Vamos a vivir esta noche con el testimonio de dos testigos que nos contarán su experiencia. Ven con nosotros a Getsemaní.

Testigo 1

La historia sucedió en un huerto. Soy el amo del Huerto de los Olivos, en el paraje que llamamos Getsemaní. Los suyos me avisaron con mucha discreción de que iría allí esa noche, antes de la cena de la Pascua. Tenía siempre la delicadeza de avisar, aunque sabía de sobra que el huerto estaba totalmente a su disposición.
El huerto era grande, con olivos muy antiguos y una almazara excavada en la roca con olor a aceituna prensada. Era un lugar retirado donde podían estar a cubierto o en medio de los olivos. Pero, sobre todo, resultaba muy cómodo y muy accesible: quedaba cerca de la ciudad. Él lo usaba con cierta frecuencia; creo que le resultaba adecuado para orar solo o con sus discípulos.
¿Qué hacía aquella noche distinta a todas las demás? Aquella noche abundaban los comentarios alarmantes y el ambiente estaba enardecido; se hablaba con insistencia de su detención inminente. ¿Sabrían quizá que aquella noche iba a venir? No sería extraño, no era ningún secreto que le gustara aquel sitio. Yo, por lo que pudiera ocurrir, me propuse seguir los acontecimientos de cerca, pero discretamente.
Jesús y sus discípulos llegaron a primera hora de la noche; iban silenciosos, como apesadumbrados, en torno a Él. Apenas llegados, Él se retiró a un tiro de piedra de sus discípulos y se puso a orar. También ellos oraban, pero al poco rato se adormilaron.
Creo, con sinceridad, que Él lo pasó verdaderamente mal aquella noche en el huerto. Se le veía tenso, ansioso, asustado, y de vez en cuando se pasaba la mano por la frente como limpiándose un sudor espeso. Estaba pensado qué le ocurriría cuando un trajín sospechoso en la entrada del huerto me alarmó. Cuando quise darme cuenta se había formado un tumulto para entrar: un tropel de soldados y judíos preparados con estacas, espadas y antorchas.
Cuando reconocí a Judas al frente de aquel grupo, empecé a temerme lo peor. Y sucedió. Vi perfectamente como Judas se acercaba a Jesús y cómo le besaba la mejilla.
Parece ser que los sacerdotes del Templo habían conseguido embaucar a Judas haciéndole creer que solo lo escarmentarían, pero... cometió un gran error y, cuando se dio cuenta, era demasiado tarde..
Lo último que vi fue que se lo llevaban con las manos atadas a la espalda y dándole empujones.

Testigo 2

A mí, desde aquellos días, me llaman el «discípulo amado» porque nunca me separaba de Él... hasta aquella noche. Y sí, realmente así fue. Lo recuerdo bien, fue una noche que no olvidaré jamás, me acuerdo hasta de sus palabras, me impresionaron mucho.
Se le notaba abatido, asustado. Nos dijo: «Permaneced aquí. Velad. Orad». Se alejó de nosotros y oraba; suplicaba así: «Escúchame, Padre. Levántate, defiéndeme. Líbrame de las asechanzas que me tienden».
Se dio la vuelta y viniendo hacia nosotros, nos encontró a dormidos. Su oración fue difícil. Volvió a rezar: «Protégeme, oh Señor. En Ti confío. Tú eres mi refugio. Padre, Tú todo lo puedes. Si es posible, aparta de mí este cáliz. Pero hágase tu voluntad, no la mía».
Mientras estaba orando llegó Judas, nuestro Judas, con un grupo de hombres armados y ya sabéis lo que pasó... Escapé de los soldados y fui a buscar a las mujeres.
Después de hacer memoria del acontecimiento y situarnos como una/o más en el grupo de Jesús, vamos a reflexionar un poco. Aquella noche estuvo marcada por dos sentimientos: el DOLOR y el MIEDO. A esto se enfrentó Jesús, pero... ¿cómo lo enfrentó? ¿Cuál fue su actitud?
En nuestro mundo, la historia se repite: somos testigos, tantas y tantas veces indiferentes, del DOLOR y del MIEDO a nuestro alrededor. Nuestro mundo está sumergido en las tinieblas de Getsemaní. A esto nos enfrentamos nosotros, pero... ¿cómo lo enfrentamos? ¿Cuál es nuestra actitud? ¿Seríamos capaces de actuar como Jesús?
Nos adentramos en dos sentimientos que afloran en esta noche DOLOR y MIEDO.

DOLOR

¿Te has preguntado alguna vez cuánta gente lo padece diariamente? 
¿Cuánta gente estará dolorida en este momento?
¿Y tú? ¿Qué experiencia tienes del dolor?
El dolor apaga la luz del mundo. Repítelo: «¡El dolor apaga la luz del mundo!»

Testigo 1

Ciertamente, aquella noche el sufrimiento y el dolor se respiraban en un aire pesado. ¿Y qué hizo Él? ¿Cómo se comportó? Con amor, como un enamorado. El sufrimiento que Él aceptaba en ese momento era consecuencia de todo lo que había predicado. Incluso en medio del aturdimiento, empezamos a comprender un poco mejor aquello de: «Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el Reino de los Cielos». «Si hacéis el bien a quien os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? Vosotros amad a vuestros enemigos, haced el bien». Fue un amor como no hay otro.
Mucho tiempo después comprendimos que la Pasión fue la mayor lección de amor de Dios al mundo: solo el amor que se da a los demás cambiará este mundo.

Testigo 2

Toda su vida fue un derroche continuo de amor. Cuando le preguntábamos cuál era el mandamiento principal, Él nos decía: «Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros». «Nadie tiene un amor más grande que el que da la vida por sus amigos». Después de la resurrección caímos en la cuenta... ¡por qué no nos daríamos cuenta antes!
Para combatir el DOLOR, Jesús derrocha AMOR; AMOR sí, no más DOLOR.
El AMOR enciende la luz del mundo. Repítelo: «¡El amor enciende la luz del mundo!»
Ahora me pregunto:
  • ¿Cómo afronto yo el dolor de los demás y el mío propio? Pienso ejemplos concretos. 
  • ¿Sería capaz de cambiar mi actitud por la de Jesús y así encender la luz del mundo?
  • ¿Qué me impulsa a amar? ¿Dónde se alimenta mi latir?

Escuchamos El amor no dice basta, de Ain Karem:


MIEDO

¡MIEDO! ¿Tienes MIEDO? ¿A qué tienes MIEDO? ¿Qué te da MIEDO?
¿Te has preguntado cuántos hombres y mujeres viven acobardados por sus MIEDOS? ¿Cuánta gente deja de hacer cosas por MIEDO?
El miedo apaga la luz del mundo. Repítelo: «El MIEDO apaga la luz del mundo».

Testigo 1

En aquella noche, lo recuerdo bien, Jesús tenía miedo. Por eso decía: «Si es posible, aparta de mí este cáliz». Sin embargo, al momento añadía: «Pero hágase tu voluntad, no la mía». Pronto comprendí que su miedo y su angustia eran distintos a los míos, porque el suyo estaba empapado de CONFIANZA. A pesar de todo, hizo la voluntad de Dios y entregó la propia vida.

Testigo 2

Y es que toda su vida fue un acto de CONFIANZA en las manos de su Dios, su Abbá. Cuando teníamos MIEDO, nos hablaba de Dios diciendo: «Fijaos en las aves del cielo; ni siembran ni siegan ni recogen en graneros y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?».
Qué curioso escucharle hablar de Yahvé Dios con las mismas palabras que utilizan los niños pequeños para referirse a su papá. Él siempre nos decía: llamadle Abbá. ¿Cómo pensar, entonces, que algún discípulo suyo puede quedar olvidado de su Padre Dios? Pero esto solo lo comprendimos después, el día de Pentecostés, cuando salimos sin miedo a anunciar la Buena Nueva de su Resurrección.
Para combatir el MIEDO, Jesús se empapa de CONFIANZA en Dios.
La CONFIANZA enciende la luz del mundo. Repítelo: «La CONFIANZA enciende la luz del mundo».

Nos preguntamos:
  • Cuando tengo MIEDO, ¿qué hago? 
  • ¿Cómo afronto mis MIEDOS? 
  • ¿Sería capaz de sacar de su MIEDO a otros? 
  • ¿Me atrevería a cambiar mi actitud por la de Jesús y así encender la luz del mundo?

Escuchamos Confío, de Ixcis:

Hacemos silencio 

Llegamos al final de esta noche, dejamos a Jesús ante los acontecimientos que se van a suceder en estos días. Hoy lo hemos acompañado y hemos sentido su miedo y su dolor. Dejemos que la palabra cierre nuestro momento de oración y nuestro corazón siga en vela acompañándolo en esta noche, en estos días… 

Del Evangelio de San Mateo

Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.» Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.» Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.» Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.» Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
Palabra del Señor

(En mi Getsemaní, Mª José Bravo)

ORAMOS

Señor, Dios de la vida,
te doy gracias por la fe en Ti.
Te he sentido cercano,
misericordioso, respetuoso con mi libertad
Eres mi apoyo y mi consuelo.
Eres valentía y estímulo
para seguir la marcha de la vida.
La fe en Ti me ayuda a superar dudas y sufrimientos.
Tengo la certeza de que no me abandonas.
Creer en Ti llena el vacío que algunas situaciones me dejan.
Dios bueno, me has amado primero, porque <eres AMOR.
Me impulsas a abrir el corazón
y a desplegar generosamente la vida.
En Jesús tengo el modelo.
Me fío de Ti;
cuento contigo:
Eres mi respuesta total
a mi necesidad de vivir.
Señor Jesús, que asumes el dolor,
aceptas el sufrimiento
y superas la tristeza última;
concédeme sensibilidad y vigilancia
para acompañarte siempre en los hermanos
que sufren... o están tristes y abandonados.
Dame la fortaleza necesaria para beber, a ejemplo tuyo,
el cáliz de la voluntad divina.
Gracias por tu SÍ. Cuenta conmigo.
Amén.

NOS DESPEDIMOS

  • Madre Divina Pastora, ruega por nosotros. Mare Divina Pastora, prega per nosaltres. Nai Divina Pastora, roga por nós. Mother Divine Shepherdess, pray for us. Mère Divine Bergère, priez pour nous.
  • San José de Calasanz, san Faustino Míguez y beata Victoria Valverde, rogad por nosotros. Sant Josep de Calasanz, san Faustino Míguez i beata Victoria Valverde, pregueu per nosaltres. San Xosé de Calasanz, san Faustino Míguez e beata Victoria Valverde, rogade por nós. Saint Joseph Calasanz, Saint Faustino Míguez and Blessed Victoria, pray for us. Saint Joseph de Calasanz, Saint Faustino Míguez et Bénis Victoria, priez pour nous.
  • En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. En el nom del Pare i del Fill i de l'Esperit Sant. Amén. No nome do Pai e do Fillo e do Espírito Santo. Amén. In the name of the Father and of the Son and of the Holy Spirit. Amen. Au Nom du Pére et du FIls et du Saint-Esprit. Amen.
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