SÁBADO SANTO - Es tu momento... para REFLEXIONAR

TIEMPO DE ACOMPAÑAR

Silencio. Ausencia. Vacío. Paz. ¿Paz? Sí, la paz de los cementerios. Ausencia de ruido, de jaleo. Después de los tumultos de los últimos días, tras la muerte de Jesús parece que todo está en calma. Quizás por temor. Por sobrecogimiento. Por indiferencia. Por culpabilidad. Por saber que se ha condenado a un inocente. A un hombre bueno.

Sábado, Ruah

Silencio. Es la nota dominante del Sábado Santo. En el fondo del corazón de María, de Juan, de Magdalena, de Pedro, de Marta, de Lázaro, de María, de Nicodemo, de Bartimeo… de todos los amigos de Jesús late una esperanza, quizá una presencia, la confianza cierta y fuerte de que nada ha terminado. De que la muerte de Jesús no es definitiva. De que el Padre, el Dios de la Vida, el Amor y la Libertad no va a dejar a Su Hijo sumido en el fracaso más radical: la Muerte. En lo más hondo de cada persona, la semilla de la fe les dice que la última palabra la tiene la Vida. Solo hay que saber esperar. Y confiar en Dios. Ese que nunca les ha fallado.
Hoy te invito a mirar a algunos de los personajes de la Pasión. Te animo a acercarte a cada uno, a asomarte a su interior y observar cómo viviría el día de hoy. A tratar de entender cómo interpretaría los acontecimientos de los últimos días y la esperanza en que se cumpliesen las palabras del Maestro, esas que hablaban de la Resurrección.
Para la reflexión te propongo que elijas entre dos caminos:
1. Si tienes un tiempo prolongado, entra en cada uno de los personajes e identifícate con alguno de ellos, o quizá con algún aspecto de cada uno.
2. Si tienes poco tiempo, ojea el documento y céntrate en el personaje con el que más te identifiques.

MALCO

Si no has estado muy atento a la lectura de la Pasión estos días o en cualquier otro momento, probablemente no sepas quién es. Al menos no hasta que te dé un dato clave: es el siervo del sumo sacerdote al que Pedro le cortó la oreja en Getsemaní. Te dejo un vídeo del momento:

Seguramente, Malco nunca pensó que su nombre pasaría a la historia y, mucho menos, ligado al de Jesús de Nazareth. Él, que estaba al servicio de Caifás, el Sumo Sacerdote, conocía a Jesús, más de oídas que otra cosa, pero sabía quién era. Podemos intuir que, desde ese rol, la imagen que tenía de él no era muy favorable. Sin embargo, a él, como a todos, el encuentro con Jesús le cambió la vida. Le salvó la vida.

El llamado Judas, uno de los Doce, se les adelantó, se acercó a Jesús y le besó. Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas a este Hombre?» Viendo lo que iba a pasar, los que estaban con él dijeron: «Señor, ¿herimos a espada?» Uno de ellos dio un tajo al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús le dijo: «Ya basta». Y tocándole la oreja, lo sanó. (Lc 22, 47 – 51)

Simón Pedro, que iba armado de espada, la desenvainó, dio un tajo al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha –el siervo se llamaba Malco–. (Jn 18, 10)
Los evangelios no nos dicen más sobre este criado. Por eso, podemos dejar rienda a nuestra imaginación… 

Malco podemos decir que mira de lejos lo que pasa con Jesús. Es testigo, pero la historia no va con él. O eso piensa. Se mantiene al margen. Probablemente esté allí esa noche porque era su trabajo. Pero Dios siempre sale al encuentro de cada persona (sí, también de ti) y ese era el momento de Malco. Por su profesión, estaba acostumbrado a tener enfrentamientos con otros, sobre todo en casos como el de Jesús, cuando iban a arrestarlo, pero esa noche lo hirieron. Se sintió herido. Y no solo en la oreja. Sí, Pedro, presa del miedo y con esos arranques que tenía de cuando en vez, le cortó y eso asustó al criado, pero esa no fue la herida más importante de la noche. Fue el pretexto para encontrarse con Jesús.
Cuando el Señor vio que sus discípulos habían empuñado la espada para herir, los reprendió. Y restableció el daño que habían hecho. ¿Cómo? Acercándose. Mirándolo. Tocándolo. Curándolo. Sin aprovechar el tumulto para escapar. Poniendo, una vez más, la vida del otro por delante de la suya. Y esta experiencia cambió a Malco. Le ayudó a descubrir una herida más profunda que la que le hacía sangrar la oreja. Esa noche experimentó la sed de ternura, compasión y misericordia que experimentaba en su interior. Y el Nazareno había dado con ella. Y, en apenas unos segundos, la sació. Le hizo sentirse importante, protagonista y destinatario de su salvación.
Sin duda, el nombre de Malco tenía que estar ligado al de Jesús, el Compasivo.

PARA PENSAR…

  • El encuentro con Jesús cambia la vida. ¿Cómo fue mi primer encuentro con Jesús?
  • Malco tenía claro que Jesús le curó la oreja y la falta de amor. ¿Qué tiene que sanar el Señor en ti? ¿Qué ha sanado ya? Pídeselo.
  • Durante estos días de Semana Santa en que me he parado un poco más de lo habitual y me he acercado con más pausa a Jesús, ¿qué he descubierto? ¿Qué destaco del encuentro con Jesús estos días?
  • Escribe un agradecimiento a Jesús por la experiencia de estos días en las notas del móvil, en tu cuaderno, en un trozo de papel… y, si te animas a compartirlos con todos los que hemos participado en esta #PascuaCalasanciasTime, súbelo en forma de imagen a Twitter o Instagram y etiqueta a @icalasanciohdp y @calasanciaspv y añade los hashtags #PascuaCalasanciasTime y #SábadoSantoMalco.

MARÍA MAGDALENA

@thankful.art

María Magdalena vivió con intensidad estos días. Seguro. Como seguro acostumbraba a vivir sus días. Con pasión. Con fuerza. Con vitalidad.De ella poco nos cuentan los evangelios. Es mayor la imagen que la Tradición ha transmitido de ella que lo que los libros bíblicos nos aportan. De ella solo nos cuentan que era una de las seguidoras de Jesús, el cual había expulsado de ella siete demonios; que estuvo al pide de la Cruz cuando sus amigos, a excepción del discípulo amado, se escondieron; acompañó a José de Arimatea cuando llevó a Jesús al sepulcro y, lo más importante, fue la primera testigo de la Resurrección, lo que la convierte en «apóstola de los apóstoles».
El primer día de la semana, muy temprano, todavía a oscuras, va María Magdalena al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro. Entonces corre adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el predilecto de Jesús, y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». (…)
María estaba frente al sepulcro, afuera, llorando. Llorosa se inclinó hacia el sepulcro y ve dos ángeles vestidos de blanco, sentados: uno a la cabecera y otro a los pies de donde había estado el cadáver de Jesús. Le dicen: «Mujer, ¿por qué lloras?» Responde: «Porque se han llevado a mi señor y no sé dónde lo han puesto». Al decir esto, se dio media vuelta y ve a Jesús de pie; pero no lo reconoció. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le dice: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». Jesús le dice: «¡María!» Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuni–que significa maestro–». Le dice Jesús: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”». María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto». (Jn 20, 1-2. 11-18)

Que Jesús expulsase siete demonios la hizo sentir agradecida. Jesús fue ese hombre que la miró con dignidad. Que la trató como criatura de Dios. Y eso le conmovió por dentro. Y la transformó. María experimentó que al amor con que Jesús la había tratado solo podía responder de la misma manera. Amando. Y poniéndose al servicio también ella de Su proyecto.
Es tan fuerte el agradecimiento que siente hacia Jesús que la mantiene firme hasta el final. Al pie de la Cruz. En sus visitas al sepulcro. Incluso, podemos decir que le costaba despedirse del Señor; por eso, acudir a su tumba le ayudaba a sentirlo cerca, a llenar el vacío que Su ausencia dejaba.
María es la amiga fiel que está «en las duras y en las maduras». No deja a su amigo solo en los momentos más duros. Tampoco a María, la madre de Jesús. En quien se mira. A quien acompaña. Y a quien decide sostener, apuntalar, en este momento de debilidad. De dolor para todos, pero para ella de una manera especial.
A María Magdalena le cuesta entender cómo puede ser que ese Dios tierno y misericordioso que le ha ayudado a descubrir que su vida importa, que ella es una persona digna, que todas las personas merecen una oportunidad, siempre, ahora guarde silencio. No diga nada. Ni siquiera a Jesús, a quien ha escuchado decir que se siente abandonado por Dios.
@thankful.art

María es testigo de la complicidad de la Madre y el Hijo también en la Cruz. Y eso la rompe por dentro. Pero también la lleva a expresar una acción de gracias. Sí. Porque Jesús se siente acompañado por Su madre en este trance. Y eso le da fuerza para abordar el último tirón.

Si tuviésemos que sintetizar la relación de María y Jesús sería sencillo: AMOR.

  • El amor de quien mira a la otra a los ojos. Y el de quien se siente reconocida en su dignidad.
  • El amor de quien detecta la herida de quien tiene delante. Y el de quien se siente aliviada en su dolor.
  • El amor de quien descubre la dignidad de quien tiene delante. Y el de quien experimenta que la dignidad que le arrebataron algunos es restablecida por quien mira al corazón.
El amor. Sin adjetivos. Porque el amor, si es AMOR, no necesita más.
Por eso, Jesús, le tenía reservado el mejor de los regalos: la experiencia de la Resurrección. Es más, ser la primera testigo de la mejor de las noticias.

PARA PENSAR...

  • María ha descubierto algo especial en Jesús. Ha experimentado que Él le llena el corazón y da sentido a tanta ruptura y error cometido. ¿Quién es Jesús para mí?
  • La Magdalena expresa en el vídeo que Jesús le da miedo. Porque la trata con ternura, con bondad, con dignidad. ¿Cómo reacciono yo ante el afecto de otros? ¿Cómo les respondo?
  • Tan importante es Jesús para María que ella le expresa su lealtad más absoluta. Y Jesús se fía de ella. Él, que conoce su corazón agradecido, confía en su honestidad. Y le responde con el testimonio de la Resurrección. ¿A qué o a quién/es le soy fiel en mi vida?
  • La vida de María después del encuentro con Jesús estuvo marcada por el agradecimiento. ¿Por qué personas, realidades, acontecimientos… quiero agradecer hoy a Jesús? ¿Cómo te gustaría responder a ese agradecimiento? ¿Y si lo haces?
  • Si te animas a compartir con quienes participamos en esta #PascuaCalasanciasTime, expresa en un tuit o en un post de IG quién es Jesús para ti, etiqueta a @icalasanciohdp y @calasanciaspv y añade los hashtags #PascuaCalasanciasTime y #SábadoSantoMagdalena.

JUDAS

La de Judas es la historia de quien no supo acoger el perdón. De quien se quedó encerrado en la culpa. Hasta matarlo. 

Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas a los sumos sacerdotes y senadores, diciendo: «He pecado entregando a un inocente a la muerte». Le contestaron: «Y a nosotros, ¿qué? Eso es problema tuyo». Arrojó el dinero en el templo, se fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, recogiendo el dinero, dijeron: «No es lícito echarlo en la alcancía, porque es precio de una vida». Y, después de deliberar, compraron el Campo del Alfarero para sepultura de extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta hoy, «Campo de Sangre». (Mt 27, 3 – 8)
Quizá a Judas le pudo la desilusión. Él esperaba un Mesías que le diese una vuelta al sistema. Que provocase una revolución. Una revuelta con armas. Y Jesús no era así. Jesús se identificó más con el Siervo de Yahvé, ese Mesías sencillo, humilde, pacífico, que no levantaba la voz ni las armas. Quizá Judas solo quería hacer reaccionar a Jesús. Pero se le fue de las manos. Y lo que ocurrió después no lo supo gestionar.

  • Su tristeza por la traición al amigo. Y vislumbrar la tristeza en los ojos de Jesús.
  • Descubrir que puso precio a la vida del Maestro. Y entender que Jesús se entregaba sin límites. También por él.
  • Consumar la traición con un beso. Y traicionar, con ello, al Amor.
  • Entender que el mal daña, hiere y deja huella. Pero no comprender que Dios siempre da una nueva oportunidad. Que hay posibilidad de cambio. De enmendar el error. De pedir perdón. Y experimentar el perdón.

PARA PENSAR…

  • La palabra traición suena fuerte, pero no tanto como la huella que deja en quien la sufre. ¿Cómo anda mi vida de traiciones? ¿He experimentado alguna? ¿Cómo me he sentido?
  • Judas no supo gestionar el sentimiento de culpa. Es importante entender que somos responsables de nuestros actos. Que tenemos la capacidad de equivocarnos, pero también de pedir perdón, tratar de solucionar el problema, aprender de lo ocurrido y volver a empezar. Para esto es fundamental perdonarse a uno mismo. ¿Me cuesta perdonar a los demás el daño que me infligen? ¿Me perdono los errores que cometo o el daño que provoco? ¿A quién/es perdono con facilidad? ¿A quién/es me cuesta perdonar? ¿Por qué?
  • Hemos considerado que Judas se siente, en cierto modo, decepcionado por Jesús, ya que descubre que no cumple con la imagen que se había creado de Él. ¿Me suelo decepcionar con facilidad? ¿Cómo respondo ante la decepción? ¿Es una actitud constructiva o destructiva? Si no construye, ¿qué puedo hacer para modificarla?
  • Si miro a mi mundo y a mi realidad más próxima, ¿qué genera en mí desilusión, desánimo, desesperanza? ¿Por qué? ¿Es necesario cambiarlo? ¿Puedo hacer algo yo?
  • Es importante no dejarse llevar por el desánimo y la tristeza. Hay que acogerlos y experimentarlos, pero no quedarnos en ellos eternamente. Porque nos matan por dentro. ¿Qué provoca en mí tristeza hoy? 
  • Por eso, en esos momentos más que nunca se hacen necesarias/os compañeras/os de camino que nos ayuden a sobrellevarlos y a no caer en una espiral de tristeza y melancolía. Escucho esta canción:
Dónde, de Ruah
  • ¿Con quién comparto mis tristezas? ¿Con quién puedo hablar sin temor? ¿Es el Señor un Tú al que dirigirte y con quien compartir tus vivencias más profundas?
  • Expresa en una imagen tu decepción, desilusión, tristeza…. También un gesto / expresión / frase de perdón. Si te animas a compartirla/s con quienes hemos participado en esta #PascuaCalasanciasTime, publícala en un tuit o en un post de IG, etiqueta a @icalasanciohdp y @calasanciaspv y añade los hashtags #PascuaCalasanciasTime y #SábadoSantoJudas.

MARÍA, LA MADRE DE JESÚS

No nos podíamos olvidar de ella. María de Nazareth. Su madre.
Ella, que ya había experimentado la pérdida de su marido, José, ahora se enfrenta al dolor más hondo que puede experimentar una madre: la pérdida del hijo. Del único hijo. María no lo tuvo fácil. Nunca. Pero de una manera especial en la Pasión. Ante el dolor que le atravesaba la entraña, que la desgarraba por dentro, se sentía en la necesidad de mantenerse firme, fuerte, estable… Por Jesús. Para sostenerlo. Para ayudarlo a vivir con menos dolor los últimos momentos. Para evitar que ella se convirtiese en una preocupación más en esos momentos.

(Haz SILENCIO durante unos minutos para acercarte a María, a su vivencia, a sus sentimientos, a su decisión…)
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo predilecto, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa. (Jn 19, 25 - 27)

Quizá María fue una mujer de pocas palabras. Al menos así nos la muestran los evangelios. Probablemente, su palabra más conocida sea el «Hágase» que pronunció en su juventud. Pero fue una palabra que hubo de sostener en el tiempo. Cuando no consideró las habladurías de la gente por su embarazo. Cuando se vio obligada a emigrar a Egipto. Cuando escuchó al Jesús de 12 años decirle que se tenía que ocupar de los asuntos de Su Padre… Pero, sobre todo, cuando vio la forma en que se desencadenaban los últimos acontecimientos de la vida de Jesús.

@thankful.art

Confiaba firmemente en Dios. Creía firmemente en la bondad, la misericordia y la fidelidad del Señor. Sabía que Dios no defraudaba a quien depositaba en Él su confianza. Que Yahvé cumplía Sus promesas. Pero eso no le evitaba el dolor. El dolor por el escarnio del inocente. Pero, sobre todo, por el sufrimiento de la criatura de sus entrañas. Ese al que había tenido en brazos, cambiado pañales, sostenido en el regazo en sus congojas, enseñado a caminar, regañado cuando la adolescencia asomaba y se producían los primeros enfrentamientos con la autoridad paterna… Su hijo.

Y así, en la Pasión, María pronunció el «Hágase» más difícil de su vida. Desde la incomprensión. Desde el miedo. Desde el desgarro. Desde el sinsentido. Desde la piedad y la confianza. Y en ese «Hágase» pronunciado sin titubear en la noche de su vida, sostuvo el «Hágase» del Hijo. Y contribuyó, una vez más, al plan de Dios.

 Matar el Amor, Toño Casado

PARA PENSAR…

  • Hay situaciones que hacen que nuestra vida se tambalee. La pérdida de un hijo es una de ellas, quizá la más honda, pero no la única. ¿Qué situaciones vivo / he vivido que hacen tambalear mis cimientos, que no entiendo porque resultan dolorosas y carentes de sentido, que no entiendo qué me pueden aportar, qué pueden significar?
  • Sentir miedo, dudas, temores, enfado con Dios… ante determinadas situaciones es normal. Incluso, si no nos quedamos en ello, bueno, porque nos ayuda a crecer a nosotros y a nuestra fe. ¿Qué hay en mi vida que me hace sentir dudas y/o enfado hacia Dios? Exprésaselas sin miedo al Señor. Cuéntale también lo que te gustaría. Y, si te atreves y es el momento, termina con un «Hágase tu voluntad». 
  • María y Jesús mantuvieron una relación especial. Ella lo acompañó hasta el final, hasta el último suspiro. Y luego lo sostuvo en sus brazos. Como cuando era niño. Pero ahora su cuerpo estaba inerte, yermo. Ahora María necesitaba que otros la sostuviesen a Ella. Le tocaba dejarse acompañar. ¿Cómo me sitúo ante el dolor y el sufrimiento? ¿Tengo personas que me sostienen, alientan, ayudan…? ¿Acudo a ellas cuando las necesito o siempre espero a que perciban mi necesidad y den el primer paso? ¿Y yo? ¿Soy buena compañía para otros? ¿Estoy cerca de las personas que me rodean para que acudan a mí si lo necesitan? ¿Soy capaz de mirar a los otros a los ojos, descubrir su necesidad y ofrecerles mi apoyo?
  • ¿Qué le dirías hoy a María? Si te animas a compartirlo con todos los que hemos participado en esta #PascuaCalasanciasTime, escríbelo en un tuit o en un post de IG junto a una imagen y etiqueta a @icalasanciohdp y @calasanciaspv y añade los hashtags #PascuaCalasanciasTime y #SábadoSantoMaría.

Terminamos este tiempo de reflexión abiertos a la esperanza. Si Dios restableció una y otra vez la alianza con su pueblo, si perdonó las infidelidades tendiendo la mano a nuevas posibilidades, si Dios es el Dios de la Vida, del Amor y la Libertad, ¿cómo va a acabar todo con la muerte, el dolor y el sinsentido?
Vivamos este día con el corazón expectante y agradecido ante tanto amor que llevamos contemplando estos días. Y con la esperanza cierta de que el amor todo lo vence. Incluso lo más absurdo. Incluso la muerte.



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